La ceja del Rey

Tan exquisito como innecesario


1 comentario

Menos banderas y más Historia

Antes de nada, no me siento orgulloso de ser español. Al igual que no me siento orgulloso de tener los ojos negros, de mi grupo sanguíneo o de medir 1,83 cm. No ha sido elección mía. Es la nacionalidad que me ha tocado en suerte. Por tanto, asumo su Historia y quiero conocerla sin entusiasmo ni tampoco con pesar; con la misma objetividad que me gustaría conocer quiénes fueron mis antepasados. 

Como toda ciencia social, la Historia puede ser estudiada bajo una ideología concreta pero siempre con el máximo rigor posible. Este axioma que todo experto en esta ciencia o simple aficionado, como es mi caso, debe respetar, ha sido pisoteado en los últimos días con ocasión del 12 de octubre. No es nada nuevo. La Historia es una puta que se vende barato a demagogos y populistas. 

Se ha calificado la Conquista de América como un hecho ignominioso. Un acontecimiento histórico que mejor olvidar y cerrarlo en un baúl. Esta afirmación parte de una premisa equivocada: no podemos juzgar los aconteceres pasados a través de nuestra mentalidad “made in” siglo XXI. No sería exacto, imparcial ni justo. 

En primer lugar, creemos que nuestro ideario y principios son definitivos e inamovibles . Nos equivocamos. Dentro de unos años, estos mismos principios serán valorados como los que son: una mera respuesta a nuestras circunstancias sociales, culturales y económicas. Al igual que nosotros, el castellano del siglo XVI y XVII era producto de la sociedad que le tocó vivir. Estos personajes ambiciosos, crueles pero también valientes no consideraban otra manera de ser, de actuar. Comprender no es justificar pero nos ayuda a ser más respetuoso con nuestra Historia. 

Tirar siglos de Historia, la nuestra,  a la basura por nuestros prejuicios es triste además de perjudicar nuestra comprensión del presente. Somos lo que fuimos sin orgullo pero tampoco con vergüenza. No me siento responsable de las decisiones de mis antepasados. Mi única responsabilidad es conocer mi Historia para apreciar que ocurre a mi alrededor. 

Por último, transcribo la parrafada del escritor Eduardo Galeano, que tanto he leído por mis redes sociales, sobre el descubrimiento:

En 1492, los nativos descubrieron que eran indios,
descubrieron que vivían en América,

descubrieron que estaban desnudos,

descubrieron que existía el pecado,

descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo,

y que ese dios había inventado la culpa y el vestido

y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja.

¡Basta ya del mito del buen salvaje! Nunca existió tal Arcadia. Si crueles eran los castellanos del siglo de oro, los aztecas o los incas no lo eran menos. Os recomiendo leer los relatos de Bernal Díaz del Castillo o la descripción que realiza el antropólogo Marvin Harris sobre los ritos de sacrificio humano realizados por el pueblo azteca. 

Aclaración: no entro en el juego de “y tú más”, más digno de nuestros políticos, para justificar la actuación de nuestros antepasados. Mi intención no es otra que resaltar la idea de que la Conquista de América no se pudo llevar a cabo sin el apoyo ni colaboración de la mayoría de los pueblos indígenas sometidos. No había otra. ¿De verdad os creíais que sólo unos cientos de caballeros e hidalgos conquistaron tan vasto territorio? La Conquista de América fue una guerra entre pueblos americanos, maquiavélicamente aprovechada por los dirigentes castellanos. 

Sólo nos queda comprender y asumir nuestro pasado. Justificar y valorar sin el rigor preceptivo es tarea de todos aquellos personajes que quieran utilizar la Historia como arma política. Para ese objetivo no contéis conmigo.