La ceja del Rey

Tan exquisito como innecesario


Deja un comentario

Un pequeño juego histórico

Walls_of_Istanbul_06090

En ocasiones, realizo mentalmente un pequeño juego histórico. Esta pequeña diversión consiste en imaginar un acontecimiento principal, de cierta relevancia, que nos sirva para concatenar una serie de acontecimientos históricos posteriores. La única regla del juego es que el acontecimiento anterior pueda constituirse como el principal motivo de ocurrencia del acontecimiento posterior. Al igual que las piezas de dominó arrastran, en su caída, a las que están más cercanas.

Es posible que los expertos más puritanos de la Historia os comenten que un acontecimiento histórico tiene su origen en multitud de fenómenos concurrentes y por tanto, nos podemos restringirnos en un sólo evento histórico. En fin, no se puede simplificar tanto el acontecer humano y las fuerzas económicas… ¡No les hagas caso! Ellos se lo pierden, por aburridos.

Así, mi acontecimiento histórico de partida es la toma de Constantinopla (actual Estambul) por la fuerzas otomanas de Mehmed II en el año 1453. Este hecho es de tal importancia que gran parte de los historidores consideran dicho año como el punto de partida de la Eda Moderna. Cerrando los libros tochos de historia os comentaré que con la caída de Constantinopla cayó el último bastión del Imperio Romano y, por ende, el del cristianismo en el oriente próximo.

Una de las principales consecuencias de este evento histórico fue el corte de la principal vía de comunicación y de comercio entre occidente y oriente. El comercio con la India y China, principalmente, ya se conocía en época romana. Fue por esta ruta terrestre por donde paseó nuestro amigo Marco Polo. Tras la toma de Constantinopla por los otomanos; a ver quién era el cristiano que se atrevía a cruzar esta ruta.

Pero como la demanda de especies y de productos exóticos seguía subiendo, los mercaderes de toda Europa se rebanaban los sesos buscando vías alternativas. En este contexto, se sitúan las rutas marítimas portuguesas de cruzar África por el sur para llegar a las Indias y por tanto a los beneficios. Otra ruta, fue la promulgada por un tal Cristóbal Colón. Su idea consistía en cruzar todo el océano Atlántico hasta llegas a las Indias.

La siguiente pieza de dominó que cae es el descubrimiento en 1492 de America por parte de Colón; sólo porque estaban en medio de su ruta hacía las Indias. Este descubrimiento abrió las puertas del comercio mundial. Las naciones y los emprendedores del momento se dieron cuenta que con el comercio se ganaba mucho más dinero que guerreando o cultivando. El nivel de intercambio de materia prima y productos manufacturados ascendió exponencialmente en el mundo.

Tras un considerado aumento del comercio internacional, la siguiente pieza que va a caer es la revolución industrial. Así, gracias a las mejoras en las vías de comunicación y al suministro casi ilimitado de materias primas no muy costosas se dieron las circunstancias oportunas para desarrollar el fenómeno de la industrialización.

Ha llegado el momento en que el unicejo pare con una mano esta ficha de dominó. Pues este juego podría alargarse demasiado.

También comentar que la primer ficha, la toma de Constantinopla, en su movimiento de caída arrastró consigo otras fichas adyacentes como serían el cambio definitivo en el sistema de defensa de las ciudades o el fin de la influencia griega en Asia iniciado por Alejandro Magno. Pero esas fichas pertenecen a otra partida de este juego.

Foto: resto de las impresionantes murallas de Constantinopla. Fuente wikipedia.

Anuncios


2 comentarios

Drácula: la verdadera historia.

Vlad Tepes

El mito romántico de Drácula puede ser de las leyendas más extendidas en la actualidad. Hay pocas personas que no conozcan la historia de Drácula; bien por la novela de Bram Stoker o por las inefables series: Crepúsculo o True Blood. Pero ¿ Quién sabe que dicha leyenda está basada en una historia real? Historia contada, desde hace mucho tiempo, por la zona del este de Europa para asustar a los niños que se portaban mal.

En esta entrada, intentaremos quitar toda la “morralla” literaria añadida y quedarnos con la realidad histórica; a través del juego pregunta-respuesta. No os preocupéis, la verdad es incluso más divertida y sangrienta.

¿Quién era Drácula?

La historia de Drácula está basada en un personaje real, más en concreto, en Vlad III. Vlad III fue rey de Valaquia (actual Rumania) a mediados del siglo XV. Esta pequeña provincia estaba bajo la tutela, en aquella época, del Sacro Imperio Románico Germánico (si él de Carlos V) y limitaba con el Imperio Otomano. Su situación era bastante… jodida, pues era el último paso que debían conquistar los turcos para tomar Austria y por ende entrar de lleno en Europa; en pleno centro de la cristiandad.

Esta situación no permitió crear las mejores condiciones para que Valaquia fuera un reino idílico.Valaquia era un lugar de frontera, donde todos los esfuerzos estaban destinados a desafiar y parar el avance del turco. Tan mal se pusó la cosa que el padre de nuestro protagonista tuvo que entregarlo a los otomanos como rehén amistoso. Algunos historiadores consideran que fue en esta estancia en Constantinopla/Estambul donde Vlad III aprendió sus sangrientos “pasatiempos”.

¿De dónde procede la denominación de Drácula?

Drácula es una palabra que proviene de la expresión Draculea, es decir, hijo del dragón. Se trataba de un título impuesto desde la autoridades del Sacro Imperio para aquellos nobles que, como el padre de nuestro protagonista, defendía la cristiandad de los ataques del exterior en este caso, del Imperio Otomano. Sin embargo, los jerarcas del Sacro Imperio no sabían que en la zona de Valaquia, Dracul tiene otro significado: diablo. Y vaya si nuestro Vlad III demostró ser digno de la segunda acepción: hijo del diablo.

¿Por qué se hizo tan famoso?

Por ser un auténtico sádico y déspota con sus conciudadanos y extranjeros, una vez subido al trono del reino de Valaquia. Su pasatiempo favorito era el empalamiento de sus enemigos. Este procedimiento consiste en atravesar a una persona desde el ano hasta la boca. Sólo es necesario contar con una gran estaca de madera clavada en el suelo y la gravedad hará el resto.

Era capaz de crear auténticos bosques de personas empaladas. Según algunos historiadores pudo llegar a empalar entre 50.000 a 100.000 personas. Realmente, nuestro personaje, disfrutaba con esta tortura pues a veces le gustaba comer delante de los empalados mientras agonizaban.

Pero no sólo se quedaba con el empalamiento. Vlad III también sabía diversificar su cruel y sádico apetito de sangre. Cuenta la leyenda que abrió en canal a una de sus amantes para comprobar si era cierto que estaba embarazada. También le gustaba hacer caer por una trampilla llena de estacas a sus víctimas mientras rezaban, al estilo del juego Prince of Persia. En otro momento, obligó a un condenado a cavar su tumba y asistir a su propio entierro, antes de asesinarlo.

¡Menuda pieza!

¿Chupaba la sangre?

No exactamente. Sólo le gustaba mojar pan en la sangre de sus víctimas mientras recibían martirio. Esta crueldad respondía a una forma de humillación más que a necesidad de sangre para sobrevivir. Estas tonterías dejárselas a los vampiros que brillan a la luz del día.

¿Cómo terminó sus días?

Pues, como no podía ser de otra manera, mal. Quien a hierro mata, a hierro muere. Vlad III muere en una emboscada de los turcos, separando su cara y su caballera del cráneo y llevadas como trofeo a la capital del Imperio Otomano.

Por último, un consejo: no os atreváis a insultar a Drácula en Rumania. Allí es un héroe nacional. Hasta 1992, el libro Drácula de Bram Stoker no pudo ser distribuido por dicho país.

Fuentes: pasajes de la historia de Juan Antonio Cebrián, el maestro.

Foto:  Vlad Tepes der Pfähler, Woywode der Walachei 1456-1462. Fuente: wikipedia.