La ceja del Rey

Tan exquisito como innecesario


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La culpa de que el año empiece en enero es de los españoles

¿Nunca os habéis planteado la pregunta de que por qué el año comienza el 1 de enero?

!Pues no busquéis más! Desde la Ceja del Rey intentaremos resolver dicha cuestión ademas de matizar, un poco, el título de la entrada.

Si seguís un poco el blog, ya conoceréis mi manía persecutoria por esos adorables pendencieros que eran los romanos de la antigüedad. Por consiguiente, no os sorprenderá la respuesta a la pregunta anterior. La culpa de que el año comience en enero es de los romanos.

Antes del siglo II A.C, el año comenzaba en el mes de marzo. Pues, alrededor de esa época del año, termina el invierno y comienza la primavera, la vida renace de nuevo… y todas esas chorradas. Pero la verdadera razón del comienzo del año en marzo es que es la época ideal para comenzar una buena campaña militar. Así el magistrado de turno, elegido por tradición a comienzos del año, podría tener todo un año, período de duración máxima de la mayoría de las magistraturas romanas, para someter y matar a extranjeros varios. Una pista: el mes de marzo está dedicado al dios romano de la guerra Marte.

Todo cambia a partir del año 154 A.C. con el comienzo de una nueva sublevación en Hispania por parte de los lusitanos, liderados por el carismático Viriato. A pesar de que Hispania era una de las zonas más ricas y , por tanto, más provechosas para Roma, siempre fue bastante problemática para su total pacificación.

Así, la sublevación estalló en diciembre (décimo mes romano) y por tanto a sólo dos meses de concluir el año. Ante esta situación, el Senado tenía dos opciones: o bien mandaba al actual cónsul para terminar la sublevación pero sólo tendría dos meses para esa inmensa tarea o esperaba, hasta comienzos de marzo, la elección del nuevo cónsul. Las dos elecciones implicaban riesgos: organizar todo un ejercito consular para sólo dos meses o dejar que la sublevación se propagará hasta la llegada del nuevo cónsul.

Una aclaración: el lector se puede plantear la posibilidad de cambiar la tradición (mos maiorum) de elegir a los cónsules a comienzo de año. Pero el hecho de cambiar una tradición nunca se les paso por la mente a los romanos.

Así, los romanos eligieron una tercera vía: cambiar el mes de comienzo del año de marzo a enero. A través de esta solución se respetaba la tradición (elegir a los cónsules a comienzo de año) y se conseguía que el nuevo cónsul pudiera, de inmediato, ir a Hispania a machacar lusitanos durante todo un año.

Esta adaptación a la “romana” del calendario ha seguido vigente hasta nuestros días.

Fuente: Bernardo Souvirón en el programa de radio “Luces en la oscuridad”.

Foto: cuadro “La muerte de Viriato” de José Madrazo. Wikipiedia.


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¿Por qué el día de hoy se llama…?

Siempre he pensado que los hombres de la actualidad no somos más que romanos (de la antigüedad entiéndase) con un cierto sentimiento de culpa cristiana y con electricidad.

A pesar de lo exagerado de la afirmación, existen ciertos hechos que así lo acreditan. Uno de ellos, es el origen romano de los nombres que designan los días de las semana y de los meses, en la actualidad. En este post hablaremos únicamente de los días de la semana, dejando los meses para otra entrada debido a lo longitud del tema.

Los antiguos romanos eran personas muy pragmáticas pero, a pesar de ello, también tenían su vena poética. Así, denominaron a los días de la semana con los nombres de algunos de sus dioses más queridos además de la luna y el sol. En un alarde de pereza, impropia, también utilizaron los nombres de dichos dioses para designar a los planetas observables. Empezamos:

– Lunes: era el día de la luna.

– Martes: era el día dedicado al dios Marte, divinidad dedicada a la guerra. El color rojo de la superficie del planeta marciano y su similitud con la sangre fue el principal argumento para designar a dicho planeta con el nombre de este dios tan guerrero.

– Miércoles: día dedicado al dios Mercurio, dios del comercio y de los viajeros.

– Jueves: el dios elegido, en esta ocasión, era el padre de los dioses romanos: Júpiter. Casualmente, es el planeta más grande del sistema solar.

– Viernes: nuestra ganadora es Venus, diosa del amor y la belleza.

– Sábado: era el día dedicado a Saturno, dios de la agricultura. El origen del nombre en castellano proviene del hebreo sabbat, día del descanso. De todos modos, en la palabra inglesa que designa este día aún se aprecia la influencia latina. No es necesario que escriba la palabra… o si?

– Domingo: en la antigua Roma era el día dedicado a nuestro astro. Nuestro vocablo, debido a la influencia cristiana, proviene de la expresión dominus dei.

Fuente: sección “Verba volant” del programa de RNE, no es un día cualquiera.

Foto: fragmento de un calendario romano. Wikipedia.


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La Secta de los Asesinos. ¿Posibles antecesores de al-Qaeda?

Desde los atentados del 2001, todos estamos familiarizados con los grupos terroristas de carácter yihadista. Sus motivaciones, su estructura orgánica, su financiación y sus objetivos son datos conocidos por aquellos lectores, más o menos, informados. Pero las diferentes expresiones de este movimiento terrorista, a lo largo de la Historia, no son tan conocidas.

En esta entrada, intentaremos dar a conocer a la Secta de los Asesinos o la Secta del Viejo de la Montaña; una de la sectas más temible de todos la Historia.

La Secta de los Asesinos fue creada por el persa Hasan as-Sabbah aproximadamente en el año 1090. Se trataba de un hombre sabio, con una vasta cultura y que pertenecía a la doctrina musulmana chiita. La religión musulmana, al igual que el cristianismo, tiene varías corrientes doctrinales; entre las más importantes se encuentran: la sunní y la chiita. En otro momento contaremos el origen, la demarcación geográfica y las principales diferencias entre las mismas.

Para explicar el origen de la secta tenemos la necesidad de esbozar el contexto del Oriente Medio del siglo XI. Así, a principios del siglo XI, la doctrina chiita era la predominante en toda la Asia musulmana: la dinastía fatimita y la boneyhida (ambas chiitas) controlaba Siria, Egipto y Persia. Pero dicho orden cambió a mediados del siglo; los selyúcidas, defensores de la doctrina sunní, conquistaron toda la región. Así, a finales de dicho siglo, el chiismo es una doctrina prohibida y perseguida excepto en Egipto, aún en manos de la dinastía fatimita.

Así, Hasan, hombre extremadamente fanático de la doctrina chiita, decide emprender un ambicioso plan: adentrarse en pleno corazón del imperio selyúcidas para boicotearlo y facilitar la llegada de una nueva edad de oro de los chiitas en la región.

El primer paso es asentarse en un emplazamiento inexpugnable, como centro de operaciones. Con tal objetivo, toma la fortaleza de Alamut en 1090, situado cerca del mar Caspio. No será hasta la llegada de los hordas mongolas, sobre mediados del siglo XIII, cuando la fortaleza caiga y sea destruida. El siguiente paso es hacerse con adeptos para su adoctrinamiento religioso así como entrenamiento físico. Entre las leyendas que rodea a esta secta se encuentra el curioso proceso de alineamiento que sufrían sus súbditos. Cuenta la leyenda que Hasan recogía jóvenes de las cercanías de Alamut, una vez en la fortaleza, los drogaba y los llevaba a una sala con jardines, riachuelos, abundante comida y con vírgenes, escenificando el paraíso mulsuman. Tras su corta estancia en este artificial paraíso, el viejo de la montaña les prometía la vuelta al mismo si realizaban una misión de martirio.

El principal instrumento de terror de la secta es el asesinato, de forma pública y notoria, de una determinada personalidad. Por medio del disfraz y de la infiltración los futuros suicidas se familiarizan con el lugar y el entorno de la futura victima y en el momento de mayor publicidad cometen el crimen, normalmente en la mezquita y en viernes al mediodía. El objetivo es doble: castigo de la victima y conseguir un acto propagandístico sobre el sacrificio de los adeptos.

¿Os suena de algo?

Por último, y como curiosidad, la voluntad de sacrificio por parte de los adeptos de esta secta no dejó de sorprender en dicha época. Así, como medio de explicación, se considero que los suicidas estaban drogados con hachís, lo que les valió el apodo de “hashashin” origen de nuestra palabra asesino.

Fuente: libros de Amin Maalouf “Las cruzadas vistas por los árabes” y “Samarcanda”.

Foto: miniatura persa anónima. Wikipedia.


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Origen histórico de la expresión política: izquierda y derecha.

En nuestra vida cotidiana utilizamos continuamente expresiones como: está política es de derechas, la izquierda necesita más unión o aquél tipo es de izquierdas, etc. Pero, ¿cuál es el origen de este modo de calificar (izquierda y derecha) las ideas políticas?

Para hallar la respuesta debemos remontarnos al París de los primeros meses de la revolución francesa. Es 1789 y las diferentes vertientes o tendencias políticas estaban reunidas en Asamblea Constituyente para dotar de una Constitución al pueblo francés, analfabeto en su mayor parte.

Así, el 11 de septiembre de 1789, se discutía acerca del poder del monarca respecto a la Asamblea, institución representativa de los ciudadanos franceses. Una de las enmiendas discutidas se centraba en el carácter del veto del monarca respecto a los actos parlamentarios. Con el objeto de discutir de forma más ordenada, los partidarios de otorgar un derecho de veto más amplio al monarca se situaron a la derecha mientras que los parlamentarios tendentes a limitar al máximo dicho poder si situaron a la izquierda, desde la perspectiva del Presidente de la Asamblea.

No será hasta 1814, período de la Restauración en Francia, cuando se consagre tal división. Así, en la Asamblea Legislativa los no partidario de la monarquía se situaron a la izquierda del Presidente de la Cámara mientras que el resto se coloco a su derecha.

Por tanto, a partir de una decisión arbitraria (colocarse de un lado u otro para discutir mejor) procede esta expresión que nos permite determinar, a grandes rasgos, el carácter político de las personas o de sus actos en gran parte de Europa (por ejemplo España, Francia o Alemania).

Fuente: “Izquierda y derecha, génesis e historia de una díada”, artículo de Mariano José Sedano

Foto: cuadro “Le Serment du Jeu de paume” de Jacques-Louis David. Wikipedia.


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No estamos tan mal…

A riesgo de parecer conformista, voy a realizar un ejercicio de relativismo histórico en esta entrada.

Sólo con poner cinco minutos la radio, encender la televisión o dar una hojeada a cualquier periódico, una idea es arrojada, con violencia, a nuestra mente: España está viviendo su peor momento. No tengo la intención de quitar importancia de los males actuales ni dejo de asumir el principio básico de: “como duelen mis carnes…”. Pero me gustaría hacer un ejercicio de memoria histórica.
Así que, vayámonos a la España del siglo XIX a través de un repaso de sus acontecimientos históricos más destacados:
– Una guerra de independencia que nos desgasta y nos atrasa de tal manera que España nunca se podrá a la altura de las naciones europeas.
– La subida al poder de posiblemente el peor monarca de la historia de España y mira que nuestra trayectoria está llena de pésimos reyes: Fernando VII. ¡Decid cualquier insulto a este monarca! Seguro que acertaréis.
– Tres guerras carlistas. Guerras cuyo origen no sólo se fundamentaban en un problema dinástico si no en dos visiones muy diferentes del Estado. Sólo un dato más: en las guerras carlistas murieron más personas que en la guerra civil española del 36.
– El gobierno de Isabel II. Una reina más preocupada en llenar sus anchos bolsillos y enormes tragaderas.
– Desestabilidad política con varios cambios de regímenes: periodo liberal, vuelta al absolutismo con intentonas republicanas.
– Una sociedad analfabeta que gritaba vivan las cadenas y una iglesia que decidía y “mangoneaba” sin esconderse.
– Y para rematar el fin de este maravilloso siglo, nos encontramos con la pérdida de las últimas colonias, mientras Gran Bretaña y Estados Unidos nos adelantaban por la derecha.
De todos modos nada es definitivo, aún estamos a tiempo de superar esta marca de mierda.
Foto: cuadro Riñas a garrotazos de Francisco de Goya. Fuente Wikipedia.


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La campana de Huesca

Aprovechando mi estancia por las tierras del Alto Aragón, os voy a contar una historia que me causó una fuerte impresión. Supe de la misma al observar el cuadro, que aparece en esta entrada, en el Museo Arqueológico Provincial de Huesca.

Entre mis grandes lagunas de conocimiento histórico se encuentra todo lo relacionado con la Edad Media. Reconozco que tengo grandes prejuicios frente a esta época histórica. Manía promovida por su identificación con una edad oscura en todos sus aspectos como contraposición a la brillante y reluciente época anterior, la Edad Antigua. En un alarde de inusitada sinceridad, creo que el principal motivo de este hecho es simple y puro desconocimiento. Con el paso del tiempo y mientras mis lecturas se completan con libros históricos, este prejuicio va disminuyendo y, cada vez más, considero esta época como fascinante y, por encima de todo, transcendental.

Nos ponemos en contexto. Nos encontramos en el siglo XII en la Corona de Aragón bajo el reinado de Ramiro II, el rey monje. El apodo lo recibe pues debe coronarse, tras la muerte de su hermano Alfonso I sin dejar descendencia, tras dejar su carrera eclesiástica. Es una Corona de Aragón aún lejos de su años de esplendor, como dominadora del mar Mediterráneo. Se trata de un reino con escaso territorio que señorear, el poder musulmán está lejos de desaparecer, y con una nobleza que cuestiona la legitimidad y la autoridad del nuevo monarca tras el desastroso testamento del anterior rey: legó los territorios a diferentes ordenes monásticas.

Ante esta perspectiva, el monarca Ramiro II no vio otra solución que buscar consejo a su anterior maestro: el abad de San Ponce de Tomeras. Así, el mensajero fue llevado ante el huerto de la abadía donde el abad corto aquellas coles que sobresalían más del resto. Tras este enigmático gesto, el abad ordenó al mensajero que trasmitiría al rey de Aragón lo que había visto. Transmitido el mensaje, el monarca “la cogió al vuelo”. Así, Ramiro II hizo llamar a los doce nobles más desobedientes con la excusa de enseñarle una nueva campana en la ciudad de Huesca y les cortó las cabezas a cada uno de ellos (podéis contar las cabezas cortadas que aparecen en el cuadro) tras lo cual coloco las mismas en círculo dejando una en el centro cual badajo de una campana (¿alguien ha pensado en Dexter?). El siguiente paso fue llamar al resto de los nobles vivos presentes en Huesca para enseñarle una campana que se escucharía en todo el mundo. Ante este macabro panorama, los nobles captaron la idea.

Ahora, la gran pregunta es si esta historia sucedió en realidad o sólo es una leyenda más. Admitamos que es un poco sospechoso su semejanza con otras historias proveniente de fuentes clásicas. Por otra parte, también existen testimonios escritos de cronistas árabes de la época que mencionan la muerte de ciertas “potestades” en la ciudad de Huesca sobre la época mencionada. También existe una tercera vía: ciertos nobles díscolos fueron asesinados por desobedecer al monarca, pongamos que por no respetar una tregua con los musulmanes de la otra frontera, y después el cronista pelota de turno “adorna” la historia con el objeto de resaltar la dureza de un rey proveniente de la carrera eclesiástica.

Foto: La campana de Huesca por José Casado del Alisal, situada en el Museo Arqueológico Provincial de Huesca.