La ceja del Rey

Tan exquisito como innecesario


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La República Romana no era una democracia, tercera y última parte.

Los plebeyos romanos, que acudieron a la ciudad de Roma a la promesa de nuevos empleos en el comercio y en la industria, se encontraron, con el paso del tiempo, un escenario muy diferente. Una ciudad que les exigía sufrir multitud de penalidades económicas además de poner en riesgo su vida por guerras de conquistas, que en nada les beneficiaba. A cambio, la ciudad de Roma les recompensaba con ningún ámbito de poder económico y social. Al final y al cabo, Roma no era su ciudad según los patricios.

Ante esta situación, gran parte de la población plebeya decidió marchar de la ciudad y fundar una nueva población en una colina alejada de Roma a unos 5 kilómetros al este, sobre el año 494 A.C. Los patricios, al constatar que gran parte de su mano de obra se marchaba, no tuvieron otra salida que negociar. Tras varios “tira y afloja” ,que duraron años, entre estas dos clases sociales, los plebeyos consiguieron cierto equilibrio político.

Ahora los plebeyos tendrían funcionarios propios, elegidos por ellos mismos y que sólo representaría a esta clase social. Estos funcionarios recibían el nombre de tribunos de la plebe. El objetivo de estos magistrados era impedir que se aprobase alguna norma que chocara contra los intereses de la plebe. Así, con que el tribuno gritase: ¡Veto! la ley no seguía hacía delante. Para evitar que algún patricio pudiera atentar contra los tribunos díscolos, se dota a esta magistratura de cierto carácter sacro. Unos decenios después, Julio César utilizará la excusa de un supuesto ataque al tribuno de la plebe para entrar con las legiones en los límites urbanos de Roma.

Otra de las peticiones que reclamaban los plebeyos era poner las leyes romanas por escrito para así evitar la libre interpretación de la misma que hacía, en su beneficio, los patricios. Así, en el año 450 A.C. fueron aprobadas las leyes de las Doce Tablas pues fueron grabadas en doce tablas de bronce. Durante mucho tiempo, dicha codificación fue la base del Derecho Romano.

Ya tenemos las bases del difícil equilibrio para este apasionante juego social y jurídico que tuvo lugar en Roma hasta la caída de la República con el ascenso del gran Julio César. Por tanto, dejemos a mis queridos Romanos en”barbecho”.

Una aclaración antes de terminar con esta serie de artículos sobre la fundación de la República Romana. A pesar del injusto desprestigio sufrido por el método histórico marxista en los últimos tiempos, existen ciertos acontecimientos históricos que son imposibles de explicar sin recurrir a la lucha de clases. Así, aplicado a esta fascinante época histórica, el enfrentamiento entre patricios y plebeyos permite explicar los acontecimientos aquí narrados.

Fuentes: La República Romana de Isaac Asimov.

Foto: The Death of Caesar de Jean-Léon Gérôme. Wikipedia.

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La República Romana no era una democracia, segunda parte

Dejamos a mis queridos romanos estrenando una nueva forma de gobierno: la República. En este post intentaremos demostrar que los patricios y los caballeros (comerciantes e industriales con mucho dinero) eran los únicos que salían ganando con este cambio de régimen. Tres son las vertientes que vamos a utilizar para su demostración:

  • Política:

La monarquía fue sustituida por una serie de magistrados. La carrera política terminaba en el consulado, excepto si te llamas Sila o Julio César. Así, cada años se elegía a dos cónsules. Este medida no sólo evitaba la creación de una casta de tiranos, también impedía la realización de políticas a largo plazo. Por tanto, la posibilidad de cambiar el estado de las cosas se veía muy limitado.

El Senado aumentó tremendamente su ámbito de influencia, esta institución paso de ser un órgano consultivo a dirigir la República. Recuerdo que el Senado estaba formado únicamente por patricios y caballeros invitados a “la fiesta”.

Por último, en el comicio centuriado la votación se realizaba por clases, establecidas según el patrimonio, pero tras la reforma de Servio Tulio sólo con los votos de la primera, los ricos, se tumbaba el poder de decisión de las restantes cuatros clases.

  • Judicial:

Roma era un pueblo tremendamente supersticioso. Así que ninguna decisión política, judicial o religiosa importante tenía lugar sin la “interpretación” de los sacerdotes. ¿Quién podía formar parte de este colegio sacerdotal? ¡Bingo! Sólo los patricios tenían tal privilegio.

  • Económica:

Desde el poder, se promulgó  políticas tendentes a la potenciación de la tierra como eje de la economía romana en sustitución de la industria y el comercio. La principal consecuencia es la creación de una masa de personas libres en la ciudad, los esclavos trabajaban en las grandes zonas de cultivo, cada vez más dependientes de las ayudas del Estado y de los poderosos (¿os suena?). Por otra parte, los caballeros, con las promesas de ascender políticamente y socialmente, estaban totalmente domesticados al ritmo que marcaba el Senado.

Hay que reconocer que la perpetuación del sistema a favor de la clase dirigente parecía estar asegurado. Por fortuna, no tuvieron en cuenta todo. Así, la causa del fin de esta supremacía política, judicial y económica estaba en la propia raíz del sistema: el ansia de poder, la conquista de territorios y la guerra. El sistema, donde el único modo de ascender era por medio de una brillante carrera militar, necesitaba de una gran maquinaria guerrera y de un suministro continuo de personas dispuestas a morir por su ansía de poder.

Aún no estaba todo dicho.

En la próxima parte, y última, terminaré con esta serie de artículos sobre la fundación de la República en Roma. Lo prometo.

Fuentes: libro Historia de Roma de Indro Montanelli.

Foto: Cicerón hablando en el Senado.Wikipedia. Fresco realizado por Cessare Maccari en el Palazzo Madama entre 1882 y 1888.


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La República Romana no era una democracia, primera parte

La República Romana no era una democracia, sólo existía un frágil equilibrio de poder entre los ricos patricios (no más de 50 familias) y la plebe. Olvidarse del final de Gladiator donde el Senado representaba la voluntad popular y el Imperio no era más que una dictadura. Al fin al cabo, el Senado sólo representaba los intereses de las rancias familias, poseedoras de tierras. Así, a grandes rasgos, los reyes o emperadores siempre han buscado el apoyo del pueblo y de las ciudades para luchar contra la nobleza o los patricios, respectivamente.

Pero para llegar a este delicado equilibrio de poder en la Roma Republicana tuvieron que pasar muchas cosas y derramarse mucha sangre.

En un comienzo la cosa era bien sencilla. La ciudad, mejor dicho el pueblucho, de Roma estaba dividida en tres tribus: latinos, sabinos y etruscos. Así, estas tribus se reunían en el comicio curiado que se ocupaba de elegir al rey cuando uno moría. Para las decisiones militares se debía consultar al comicio centuriado. Todos tenían el mismo derecho a voto y elegía la mayoría. Tenemos una bonita y sencilla democracia absoluta, sin clases sociales.

Con el paso del tiempo, el tema se fue complicando: llegaron más gente y, por tanto, aumentaron las exigencias al poder. El rey no podía con todo esta tarea (la monarquía nunca se caracterizo por su diligencia) así que surgió la burocracia y el Senado, consejo de ancianos formado por los descendiente de los primeros romanos cuya labor era aconsejar al monarca. Por tanto, los romanos tenían bien atados a los monarcas con el objetivo de que no se convirtieran en tiranos.

Compliquemos un poco más la cosa, con la aparición de una multitud de forasteros que acudieron a la ciudad a la llamada de los nuevos empleos en el comercio y en la industria y que en su mayor parte no tenían ningún poder político. A este masa de gente se le conoce desde entonces como la plebe. Ahora añadamos diferencias de intereses entre las tres tribus: la minoría etrusca eran los “listos del pueblo” (comerciantes e industriales) mientras que los latinos y sabinos no eran más pastores y labradores que apenas levantaban la vista de sus tierras de cultivo. Ya tenemos todos los ingredientes para la la llegada de una dinastía de monarcas etruscos.

Ahora, estos monarcas, de descendencia etrusca, contaban con el apoyo de la plebe y de las familias ricas etruscas de comerciantes e industriales. No se trataba de reyes delegados o sometidos, como en el pasado, sino de reyes autoritarios y altaneros. Bajo su reinado, la ciudad avanzo en materia urbanística, en construcciones de obras públicas y por supuesto en conquista de territorios adyacentes. No fue una mala época para Roma a pesar de la propaganda nefasta de los romanos posteriores.

El Senado, como representante de los terratenientes y del antiguo orden, veía con preocupación este cambio social y económico. Modificaciones o avances que suponían el aumento de poder del monarca, el riesgo de su modelo de vida basado en la tierra y el fin de la supremacía de los patricios terratenientes frente una economía industrial y una plebe con más poder.

Por tanto, esta institución no se quedo quieta y tras varios intentos frustados en el año 509 A.C se proclamo la Republica.El responsable de tal hazaña fue un tal Lucio Junio Bruto, familiar del asesino de Julio Cesar sucedidos unas centurias después.

Hasta aquí el relato, en las próxima entrada del blog contaré como la plebe lucho por equilibrar el poder frente a los patricios, en este República recién nacida.

Fuentes: libro Historia de Roma de Indro Montanelli.

Foto: Roma.Foro Romano. Flickr de Luis Feliciano.


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Los griegos: esos locos…no tan maravillosos

!Mirad a vuestro alrededor!

¿Cuáles son las principales fuerzas que mueven las relaciones entre los diferentes grupos humanos? Si no has tomado alcohol o no te has fumado nada, tu respuesta no sería muy distinta a: destrucción, barbarie, odio, fuerza bruta… en definitiva la guerra. Pero no siempre fue así. Hubo un lugar distinto: su nombre fue Creta.

En torno al año 2.000 A.C, surgió la civilización minoica. Una civilización fascinante, de gran belleza y refinamiento. No obstante, sus ruinas guardaban un secreto revolucionario. Así, al hacer las primeras excavaciones, los arqueólogos no pudieron descubrir restos de armas, murallas defensivas, decoraciones con motivos guerreros ni ninguna clase de sistemas militares tanto atacantes como defensivos.

Nos encontramos ante un grupo humano muy avanzado, para su tiempo, que no tenían necesidad de defenderse de ningún ataque. Por tanto, en esta civilización, hace unos 4.000 años aproximadamente, la palabra guerra no tenía cabida en su esquema mental ni impregnaba su sistema social.

En definitiva, la guerra y la violencia, como motor de una civilización, no es algo innato e imprescindible de la humanidad. La construcción de un sistema militar complejo de defensa y de ataque “preventivo” no es un rasgo constitutivo de las sociedades avanzadas. La violencia debe configurarse, simplemente, como otra invención cultural. Esta conclusión se ve respaldada por los elementos no encontrados, a pesar del esfuerzo de arqueólogos maliciosos, en las ruinas de la Creta minoica.

Toda bonita historia tiene un final dramático y en este caso, fue la llegada de los indoeuropeos en forma de aqueos (sí, los griegos que aparecen en las obras de Homero). La destrucción de esta maravillosa civilización y su sustitución por los valores violentos, que ahora son los nuestros, es otra historia.

!Permaneced atentos!

Fuente: Libro “Hijos de Homero” de Bernardo Souvirón.

Foto: Las ruinas del laberinto de Creta, Flickr de Balamha. http://www.flickr.com/photos/balamha/6420740247/in/photostream/


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El blog la ceja del Rey quiere convertirse en un pequeño cuaderno personal donde anotar breves escritos sobre acontecimientos históricos. El lenguaje será sencillo; el estilo pretenderá ser divulgativo con el objeto de poder transmitir, sin artificios de ninguna clase, mi entusiasmo y mi curiosidad por la Historia.

¿La ceja del Rey? !Menudo nombre más raro!

Fuente: El blog de Carlos Tena.

La intrahistoria de la elección del nombre no puede ser más trivial. En una de mis lecturas, me topé con una fotografía del actual rey de España. En esta fotografía se aprecia a un Juan Carlos mucho más joven y con más pelo y no sólo en la cabeza. Allí estaba, cual hoguera en la noche, una impresionante ceja que le cruzaba su regia faz.

Así, este blog se alimentará de los acontecimientos y avatares de la Historia que se han ido disolviendo de forma involuntaria en el saber popular y en nuestros “lugares comunes”; al igual que la ceja del Rey.

Si te animas, bienvenido! En caso contrario, tampoco te pierdes nada ya que sólo es otro blog infame.